Rafael vive encerrado en su mundo, su piso en L’Hospitalet de Llobregat. Cuando su mujer murió, hace varios años, él perdió las ganas de vivir y su espíritu guerrero. Llegó a L’Hospitalet en los años cincuenta, en la primera gran ola de inmigración.
Fue un luchador por la democracia, la igualdad, la solidaridad y la justicia durante las décadas del setenta y ochenta, pero ahora, solitario, amargado y xenófobo, reniega del mundo y, en su soledad, les cobra su miseria a todos y, en especial, a los nuevos inmigrantes.
Tampoco ayuda su alzhéimer, cada vez más presente.
Director y guionista